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Columnas de Opinión

Aportes al conocimiento de la meteorología urbana en tiempos sin internet, teléfono celular, tecnología GPS, Google, Matlab y Excel

Prof. Patricio Aceituno

Prof. Patricio Aceituno

Por Patricio Aceituno G. Profesor Departamento de Geofísica - FCFM

A principios de la década de los ochenta los recursos para investigación eran escasos, así como limitadas las herramientas de cálculo. La era de los computadores personales recién comenzaba, y en la Facultad la gran mayoría de los académicos y estudiantes utilizaban calculadoras científica personales, que solo unos pocos años antes habían reemplazado la regla de cálculo. Para cálculos complejos o masivos se recurría a los terminales de un "moderno" computador IBM 370, instalado en el segundo piso de la torre Norte en el actual complejo de edificios de Beauchef 851. Las tarjetas perforadas se batían en retirada como medio de programación y Fortran seguía siendo el lenguaje predominante, por encima del Cobol y Algol. El inicio de la era del correo electrónico debía esperar algunos años y la del teléfono celular y tecnología GPS unos cuantos más aún. En el ambiente científico la carta seguía siendo un medio habitual de comunicación escrita y se intercambiaban saludos de fin de año mediante tarjetas de Navidad. No existía Excel ni Matlab, ni ninguna de las actuales capacidades de diseño y despliegue gráfico. Un dibujante, tinta china, letra set, cercha y papel diamante suplían estas carencias.

En el contexto de ese escenario, a principio de 1981 junto a Pablo Ulriksen, también académico de la Sección de Meteorología, diseñamos un proyecto para cuantificar el efecto de isla calórica en Santiago, definido como el impacto que el calor liberado por los vehículos de transporte, así como por las actividades industriales y residenciales tiene sobre el campo térmico superficial. Un estudio preliminar realizado en el invierno de 1976, que incluyó mediciones con aspirosicrómetros portátiles en distintos puntos de la ciudad, había mostrado que el efecto era más significativo durante la noche (Aceituno y Ulriksen, 1981). Con la participación de Fernando Salinas E., un egresado de Ingeniería Civil que utilizó esta investigación para cumplir la exigencia de su Memoria de Título, se diseñó un plan de mediciones de temperatura mediante vehículos que debían recorrer la ciudad a partir de la hora de levantamiento del toque de queda nocturno, vigente desde el golpe de Estado en septiembre de 1973, y que por entonces se extendía entre las 02:00 y 05:30 am.

Dos automóviles particulares fueron “instrumentados” para la campaña de mediciones, el de Fernando y el mío, este último un automóvil marca Citroen, modelo AX330, conocido como "citroneta". Sobre la parrilla se fijó un tubo metálico de unos 3 cm de diámetro cuyo extremo, en el cual se instaló el sensor de temperatura, se proyectaba unos 50 cm más adelante que el parachoques frontal del auto, de modo que el calor del motor no afectara las mediciones. El sensor se conectaba mediante un cable a un pequeño monitor portátil que indicaba la temperatura. El chofer llevaba colgando del pecho una grabadora en la cual iba registrando los datos que leía del monitor, junto con la hora de medición e información que permitiera posteriormente georreferenciar los datos de temperatura (cruce de calles, nombre de plazas o de otros hitos urbanos): “Alameda con Santa Rosa, 6:10 h, tráfico ligero, 5.3 grados” quedaba grabado en el cassette de la grabadora.

En cuatro de los 26 trayectos nocturnos realizados entre mayo de 1981 y enero de 1982, se agregó una tercera ruta de mediciones a cargo de Pablo Ulriksen. Los trayectos se realizaban a partir de las 5:30 am, de modo de completar la ruta de ida y vuelta durante el periodo del día con menor variación de temperatura, antes de la salida del sol. Los datos de temperatura registrados en la grabadora se transcribían a formularios especiales y se ploteaban en un pliego de papel "mantequilla" colocado sobre un plano de Santiago de escala 1:25.000, para luego dibujar isotermas que permitían cuantificar la diferencia de temperatura entre el centro de la ciudad y su periferia.

La fase de terreno funcionó sin problemas, excepto por un pequeño percance. En una oportunidad fui interceptado por una patrulla militar que terminaba su turno de vigilancia del toque de queda. Recuerdo la mirada de extrañeza y el ceño fruncido del suboficial a cargo de la patrulla escuchando mis explicaciones sobre la “isla calórica”, con una grabadora colgando del pecho, al mismo tiempo que observaba con desconfianza el tubo fijado a la parrilla, que sobresalía sobre el capó del auto. Me dejaron continuar y yo agradecí no haber olvidado en casa mi carnet de identidad.

Los resultados del estudio quedaron resumidos en la Memoria de Título de Fernando (Salinas, 1982). En la figura adjunta, tomada de dicha Memoria, se muestra el campo promedio de diferencia de temperatura respecto del máximo observado en el centro de la ciudad, en 10 recorridos realizados en agosto y septiembre de 1981. En promedio, en esa muestra de madrugadas invernales la temperatura en el centro de la ciudad superó en más de 6°C la temperatura en sectores periféricos.

toma-temperatura

El estudio realizado, con los métodos artesanales de la época, permitió establecer la magnitud del efecto de isla calórica en Santiago. Esta línea de investigación fue posteriormente ampliada y profundizada en diversos estudios realizadas en el Departamento de Geografía de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, utilizando técnicas modernas de medición satelital del campo de temperatura.

Referencias:
Aceituno P. y Ulriksen P., 1981. Efecto de isla calórica en Santiago: resultados preliminares. Tralka, Vol. 2, N° 1, 39 – 56.

Salinas, F., 1982. Estudio experimental del efecto de isla calórica en la ciudad de Santiago. Memoria de Título de ingeniería civil. Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Universidad de Chile, 173 pp.

Departamento de Geofísica

Jueves 3 de enero de 2019

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