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Departamento de Geofísica

Expertos sostienen que un megaterremoto no es sinónimo de destrucción total

Sergio Ruiz, académico del Departamento de Geofísica de la FCFM.

Sergio Ruiz, académico del Departamento de Geofísica de la FCFM.

César Pastén, académico del Departamento de Ingeniería Civil.

César Pastén, académico del Departamento de Ingeniería Civil.

Rodolfo Saragoni, académico del Departamento de Ingeniería Civil.

Rodolfo Saragoni, académico del Departamento de Ingeniería Civil.

Raúl Labbé, ingeniero civil estructural senior.

Raúl Labbé, ingeniero civil estructural senior.

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Departamento de Ingeniería Civil

En el seminario "Lecciones del megaterremoto más grande de la historia moderna", organizado por el Departamento de Ingeniería Civil de la FCFM, se analizó la información disponible sobre el terremoto de Valdivia de 1960 y las consecuencias a nivel de infraestructura.

El terremoto Mw 9.5 que se registró en Valdivia el 22 de mayo de 1960 es hasta ahora el movimiento más grande y extraño ocurrido en la historia moderna. Con una ruptura de 1.000 km de longitud y un deslizamiento promedio de 20 metros, afectó a una ciudad emplazada sobre un terreno con muchas zonas de relleno y, sin embargo, no fue tan destructivo como podría haberse esperado. Este antecedente –sumado a la incorporación de normas de construcción en Chile y al avance de la tecnología para ello- permiten a los expertos asegurar que un megaterremoto hoy en el país no debería provocar una destrucción total.

En el seminario "Lecciones del megaterremoto más grande de la historia moderna: conmemoración del terremoto de Valdivia de 1960", los académicos Sergio Ruiz, del Departamento de Geofísica de la FCFM; César Pastén y Rodolfo Saragoni, del Departamento de Ingeniería Civil, además del ingeniero Raúl Labbé, analizaron el material disponible sobre el fenómeno ocurrido hace 59 años.

Para 1960, de un total de 4.016 estructuras, 3.539 eran casas de madera en Valdivia, mientras otras 450 eran de albañilería. De todas ellas, un 65% resultó sin daños, un 21% resultó inclinada (madera) o agrietada (albañilería) y el 14% destruida, indicó César Pastén. "En la ciudad donde se produjo la mayor liberación de energía, que además no tiene el mejor de los suelos, sólo el 14% se destruyeron, eso nos da una buena idea de lo que podemos ver con un terremoto de esa magnitud", sostuvo. No pasó lo mismo con la infraestructura crítica, como puentes y hospitales, donde sí hubo más problemas, “porque quizás la demanda sísmica no fue bien estimada”, aseguró.

Con todo, hubo calles en que se produjo destrucción de estructuras, mientras otras resultaron sin daño e incluso, aún se mantienen en pie, como el ex Hotel Pedro de Valdivia y el edificio Prales.

"Gran parte de los daños que se vivieron durante el terremoto están concentrados en zonas de suelos que originalmente eran cauces de ríos que se compactaron con materiales de forma descontrolada, y el corrimiento que experimentaron esos materiales, sumado al hecho de que las fundaciones no estaban bien hechas en muchas casas, hicieron que esas estructuras colapsaran", explicó el académico.

"La buena noticia para la ingeniería es que el número que inventa Richter solo mide el tamaño del terremoto. Jamás se pensó que podría asociarse a la destrucción. Un terremoto Mw 9.5 es algo enorme, pero no quiere decir que sea el fin del mundo", aseguró Sergio Ruiz.

Rodolfo Saragoni agregó que los especialistas están conscientes de ello. "En Chile los ingenieros no usamos probabilidades, porque los terremotos vienen cada 80 años, entonces sabemos que a todos los edificios les va a tocar un terremoto. Calculamos la probabilidad de que no ocurra", agregó.

Las pistas sobre lo que antecedió al terremoto

Para 1960 eran escasos los instrumentos disponibles para analizar un terremoto. Hace poco se utilizaba el concepto de magnitud, pero los mayores terremotos hasta entonces llegaban a Mw 8.

Para analizar el terremoto de Valdivia se utilizaron sismogramas, el registro del movimiento del suelo realizado por un sismógrafo, en papel. Pero no había más de diez, contó Sergio Ruiz. Hoy se utilizan más de 100 mil. Otros datos se obtuvieron de medidores de tensión (strainmeter - usados para medir la deformación de la Tierra) y mareógrafos (que miden el movimiento del océano a lo largo del Pacífico). Con todo, la información era muy poca.

Análisis posteriores permitieron saber que un terremoto en Concepción, ocurrido un día antes del gran terremoto y que llegó a Mw 8.1, fue el que inició la secuencia. "¿Qué características tuvo que fue capaz de gatillar un terremoto tan grande como el de Valdivia? Esa pregunta quedará sin respuesta, porque lo único que tenemos son distribuciones de deformación. Recién ahora, 60 años después, estamos entendiendo características del terremoto del 21 de mayo", dijo el académico del DGF.

No es la única particularidad que antecedió al terremoto Mw 9.5. "En las pocas estaciones disponibles, se ve un movimiento lento que comienza 15 minutos antes del terremoto del 22 de mayo. Así que, tenemos el terremoto del 21 de mayo, que de alguna forma debe haber impulsado o acelerado el comienzo del terremoto de Valdivia y además, antes del movimiento fuerte, hay un movimiento lento, que no lo percibimos, pero sí los instrumentos, lo que podría significar -a futuro- un sistema de alerta, ahora que todos los registros llegan en tiempo real", aseguró. No obstante, los sismólogos aún no disponen de un modelo físico que sea capaz de explicarlo.

Terremotos en el sur

El académico del DGF se refirió además al retorno de los sismos a la zona sur. "Desde hace 60 años uno encuentra que en el sur de Chile tiembla poco, pero en realidad, eso da cuenta de que después de un terremoto tan grande, hay una etapa de acomodo que duró prácticamente 60 años y ahora nuevamente se empieza a reacomodar", señaló. Con ello, la sismicidad normal debería volver al sur y movimientos de Mw 7+ deberían producirse cada cierto tiempo.

Comunicaciones FCFM - UChile

Lunes 3 de junio de 2019

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